martes, 24 de diciembre de 2013

FRANCISCO HUELVA RESEÑA BAJO EL SIGNO DE LOS DIOSES DE F. MORALES LOMAS



http://minombre.es/pacohuelva/2013/12/24/bajo-el-signo-de-los-dioses-de-francisco-morales-lomas/comment-page-1/#comment-4986

Bajo el signo de los dioses, de Francisco Morales Lomas

El miedo tenía muchos ojos…
(FML)
Todo sistema, todo orden… es represivo, ha de serlo por naturaleza. Pero el acondicionamiento de las normas conductuales a determinadas pautas debe permitir el ejercicio de las libertades públicas tanto individuales como colectivas. Esto que hablamos, que en los países democráticos es (o debiera ser) normal y está recogido en Cartas Magnas que establecen los deberes de la ciudadanía para con los demás y los derechos mínimos que el Estado ha de garantizar a ésta por el mero hecho de la pertenencia a un territorio, no es en nuestros días la norma sino la excepción. Es decir, si miramos en redor, los derechos básicos de la ciudadanía son pisoteados aquí y allá tanto por grupos de presión, malhechores organizados o dictaduras de izquierdas o de derechas, que tanto monta para estos menesteres.
El abuso de poder, el desmedido ejercicio de la fuerza, la intimidación ostentosa, la expansión del virus del miedo en el cuerpo social, la falta de instrucción pública, el pánico a lo desconocido, el hambre, la miseria… son herramientas utilizadas por el poder en todo tiempo y lugar, desde que decidimos vivir en hordas, en clanes, para mejor defendernos de los demás… de los otros… de los diferentes.
Si esto resulta ser así a día de hoy, como padecemos en carne y mente propia, imaginemos cómo serían las relaciones sociales en la “España” de los siglos XVI y XVII. Esa es la última propuesta de Francisco Morales Lomas en Bajo el signo de los dioses (Alcalá Grupo Editorial), una novela que, junto a Cautivo y Puerta Carmona, componen la trilogía Imperio del sol.
Morales Lomas es catedrático de Lengua Castellana y Literatura, doctor en Filología Hispánica, licenciado en Derecho, licenciado en Filosofía y Letras y profesor de la Universidad de Málaga.
En Bajo el sigo de los dioses Morales Lomas adapta el lenguaje de una manera preciosista al tiempo histórico en que se desenvuelve la trama que narra. En la misma aparecen truhanes callejeros, asuntos de caballería -esos que ridiculizó tan majestuosamente Cervantes con el Quijote-, osados ministriles que roban cuanto pueden, cándidos aristócratas, enredos amorosos, ladrones de guante blanco, analfabetos poderosos, curas ilustrados, inquisidores sin alma, y, también, lo que hace del texto una obra inmersa en la literatura de todos los tiempos… un lugar de encuentro, para plumas tan enconados entre sí y tan dispares en sus posicionamientos político filosóficos como Lope de Vega,CervantesQuevedo, GóngoraMateo Alemán, Ovidio o Aristóteles.
Libro de poderosa narrativa, el lector puede visualizar (no en vano Morales Lomas es aparte de un reconocido poeta, novelista y ensayista, un magnífico dramaturgo), como en un corral de comedias, el Madrid de la Corte y un provinciano Valladolid en la cúspide de una época, que, sin embargo, anuncia el desastre y la decadencia de la España imperial. Un Madrid lleno de mesones y de tascas, de calles embarradas en invierno, sucias y malolientes, de barraganas, de ejecuciones en plazas públicas, de enfermedades y epidemias que se llevan por delante a cientos de miles de personas y para las que no hay remedio, y que, los curas, siempre barriendo para el presbiterio propio, utilizaban para proclamar el castigo de Dios ante un pueblo que no seguía los designios de los que administraban la palabra del Altísimo.
La escritura de Bajo el signo de los dioses anuncia el conocimiento exhaustivo de una época por parte del autor, y, también, la lectura de infinidad de textos literarios, históricos, religiosos y filosóficos que vienen a la postre a conformar la sólida estructura en la que se enmarca la novela, cuya coreografía muestra las luces y las sombras de un lugar y de un tiempo que el lector puede imaginar, ya fueran reales o ficticios, que, como sabemos, poco o nada importa en literatura.
Pero hay algo más en esta novela. Y es la semejanza con el tiempo que vivimos. Tiempo de secesiones, de falta de liderazgos, de truhanes y de ladrones, de iglesias cómplices, de retrocesos éticos, de monarquía cuestionada, de líderes políticos y sindicales señalados por la Justicia, de magistrados comprados, de hambruna en el pueblo, de ganancia de las corporaciones (bancarias, eléctricas…), de ausencia de derechos, de rotura… de quiebra del bienestar social.
Bajo el signo de los dioses es, como se dijo, una novela ambientada en los siglos XVI y XVII, pero, una lectura mesurada nos descubrirá que las virtudes y defectos de los que nos hacemos llamar seres humanos, han cambiado bien poco tanto en lo individual como en lo colectivo con el paso de los siglos.
Paco Huelva
Diciembre de 2013

viernes, 20 de diciembre de 2013

MORALES LOMAS GANADOR DEL PREMIO DE TEATRO JOSÉ MORENO ARENAS EN GRANADA HOY


http://www.granadahoy.com/article/ocio/1670492/morales/lomas/y/rafael/ruiz/ganan/premio/moreno/arenas/teatro.html


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Granada Hoy
OCIO Y CULTURA


Morales Lomas y Rafael Ruiz ganan el premio Moreno Arenas de Teatro

REDACCIÓN GRANADA | ACTUALIZADO 19.12.2013 - 05:00
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El jurado del certamen de teatro Dramaturgo José Moreno Arenas hizo ayer público el fallo del jurado correspondiente a su quinta edición. Un premio que en esta ocasión ha recaído en la obra El desahucio, en la especialidad de teatro breve, y en la obra Terapia de Choque en su versión de teatro mínimo. A esta quinta edición se han presentado un total de 35 obras procedentes de España y varios países del centro y sur de América.

Francisco Morales Lomas es un conocido poeta, narrador, dramaturgo, ensayista, columnista y crítico literario español, autor de medio centenar de obras y perteneciente a la generación conocida como de la Transición. Su poesía ha sido definida como fiel representante del Humanismo solidario, por su compromiso personal y sus valores estéticos. Su teatro pertenece a la corriente literaria llamada Canibalismo dramático, fundamentada en la realidad social. Es especialista en literatura española de los siglos XX y XXI, Presidente de la Asociación Andaluza de Escritores y Críticos Literarios y presidente del jurado que concede el Premio Andalucía de la Crítica y vicepresidente de la Asociación Andaluza de Dramaturgos, Investigadores y Críticos Teatrales. Catedrático de Lengua Castellana y Literatura, es doctor en Filología Hispánica y licenciado en Derecho y Filosofía y Letras.

miércoles, 18 de diciembre de 2013

FRANCISCO MORALES LOMAS GANA EL V PREMIO DE TEATRO DRAMATURGO JOSÉ MORENO ARENAS

Francisco Morales Lomas y Rafael Ruiz Pleguezuelos, ganadores del V Certamen de Teatro “Dramaturgo José Moreno Arenas”


NOTICIA PUBLICADA POR LA CADENA SER

Francisco Morales Lomas y Rafael Ruiz Pleguezuelos, ganadores del V Certamen de Teatro “Dramaturgo José Moreno Arenas”

SONY DSCEl Jurado del Certamen de teatro “Dramaturgo José Moreno Arenas” acaba de hacer público el fallo del Jurado correspondiente a su quinta edición. Un premio que en esta ocasión ha recaído en la obra “El desahucio”, en la especialidad de teatro Breve y en la obra “Terapia de Choque” en su versión de teatro Mínimo. A esta quinta edición se han presentado un total de 35 obras procedentes de España y varios países del centro y sur de América.
Francisco Morales Lomas, con la obra “El Desahucio”, se ha hecho con el primer premio de la V Edición del Certamen de Teatro “Dramaturgo José Moreno Arenas”, en su modalidad de teatro Breve. Morales Lomas es un conocido poeta, narrador, dramaturgo, ensayista, columnista y crítico literario español, autor de medio centenar de obras y perteneciente a la generación conocida como de la Transición. Su poesía ha sido definida como fiel representante del Humanismo solidario, por su compromiso personal y sus valores estéticos.
Su teatro pertenece a la corriente literaria llamada Canibalismo dramático, fundamentada en la realidad social. Es especialista en literatura española de los siglos XX y XXI, Presidente de la Asociación Andaluza de Escritores y Críticos Literarios y presidente del jurado que concede el Premio Andalucía de la Crítica y vicepresidente de la Asociación Andaluza de Dramaturgos, Investigadores y Críticos Teatrales. Catedrático de Lengua Castellana y Literatura, doctor en Filología Hispánica, licenciado en Derecho y Filosofía y Letras, profesor de la Universidad de Málaga. Forma parte, entre otros, del Grupo de Investigación 159 HUM de la Junta de Andalucía sobre “Recuperación del Patrimonio Literario Andaluz”.
A este jienense le ha acompañado el escritor granadino, Rafael Ruiz Pleguezuelos, que con la obra “Terapia de choque”, ha sido el ganador del Certamen en su modalidad de teatro Mínimo. Ruiz Pleguezuelos es licenciado en filología Inglesa, Hispánica y Teoría de la Literatura por la Universidad de Granada y de Galway (Irlanda). Compagina su vocación como escritor con la de profesor de secundaria.
El Certamen, al igual que en años anteriores, ha contado con dos accésit para ambas modalidades: en la modalidad de Teatro Breve estos premios han sido para la obra “De excursión”, del escritor, Jesús Romé Melero y “Sombras chinescas”, de la escritora asturiana, Alicia Andrés Ramos. Por otra parte, y en la especialidad de teatro mínimo los accésit han sido para las obras “Ajuste de cuentas”, de la autora argentina, Celina Fernanda Ballón Patti y “Sueños de luna”, de la escritora, Virginia Campón Pérez.
El catedrático de Teoría de la Literatura de la universidad de Granada, Antonio Sánchez Trigueros y miembro del Jurado, ha resaltado el éxito de esta quinta convocatoria por el número y la calidad de las obras presentadas. Una calidad que para Sánchez Trigueros es “más alta que en años anteriores”. Como miembro del Jurado ha destacado el interés literario de los textos y su consistencia en la construcción de las obras. Sánchez Trigueros ha destacado, además, la forma empleada y los temas de actualidad tratados en las obras, que hacen a los textos estar “bien estructurados para la escena”, haciéndolos “muy teatrales”, así como la fase poética de algunos textos que hacen recordar a García Lorca. El catedrático granadino también ha aprovechado la ocasión para destacar el valor de la obra del dramaturgo alboloteño, José Moreno Arenas y su influencia en el teatro breve y mínimo en todo el mundo, convirtiéndose en un referente mundial.
Durante la presentación para del fallo del jurado la concejala de Cultura del ayuntamiento de Albolote y presidenta del Certamen, Marta Nievas, ha manifestado que “nosotros vamos a seguir en esta línea, apostando por la cultura. Entendemos que este certamen consolida el arraigo que tiene el teatro en nuestro pueblo y es un importante legado que podemos dejar a nuestra cultura”. Nievas ha agradecido a Moreno Arenas que el nombre de Albolote esté tomando prestigio en el ámbito cultural gracias a su obra y ha recordado que en el mes de marzo de 2014 se entregarán los premios a los ganadores, se presentará el libro que recoge las obras seleccionadas y se presentará la sexta edición del Certamen.
El Certamen de Teatro, “Dramaturgo José Moreno Arenas”, creado en el año 2009, es un Premio literario que, además de llevar el nombre de este escritor alboloteño, es un reconocimiento institucional a la espectacular trayectoria artística de José Moreno Arenas, uno de los escritores de teatro actuales más importantes por la originalidad de su obra caracterizada por su especialidad en Teatro Breve y Mínimo. Con la institución de este Premio el ayuntamiento de Albolote ha querido hacer una apuesta cultural sin precedentes para la promoción de este tipo de teatro y dar conocer los mejores escritores de nuestro país.

martes, 17 de diciembre de 2013

CONVOCATORIA DEL XX PREMIO ANDALUCÍA DE LA CRÍTICA 2014



 CONVOCATORIA DEL XX PREMIO ANDALUCÍA DE LA CRÍTICA 2014

La Asociación Andaluza de Escritores y Críticos Literarios «Escritores y Críticos del Sur» convoca el XX Premio «Andalucía» de la Crítica 2014 destinado a reconocer los mejores libros de escritoras y escritores andaluces publicados a lo largo de 2013, en las modalidades de Poesía, Novela y Relato.
Los miembros de la AAEC —compuesta por más de un centenar de especialistas en literatura, críticos, periodistas, profesores, asesores culturales y autores— propondrán en las fechas previas al fallo una lista con los títulos que a su juicio consideren de más calidad. Tras el escrutinio de las obras, éstas pasarán a la final para ser examinadas por un jurado que decidirá los títulos merecedores de los galardones.
Si algún autor/a o editorial considera conveniente enviar libros de escritoras o escritores andaluces editados en 2013, podrán hacerlo a C/ Historiador Dozy 17, 14005 Córdoba, antes del día 10 de enero de 2013, remitiendo 10 ejemplares de cada título (que no serán devueltos por la Asociación). 
También podrá concederse el galardón especial a la mejor «Opera prima» si el jurado lo estima conveniente. 
El jurado, que estará compuesto por 20 críticos —miembros de la AAEC, profesores de Universidad y representantes de los medios de comunicación—, emitirá su fallo inapelable antes de la primera semana de abril de 2014 en la ciudad de Málaga. 
Este premio no tiene dotación económica y los galardones, a título de reconocimiento, consistirán en unas estatuillas conmemorativas obras de un escultor andaluz, que serán entregadas a los autores/as premiados/as durante el mes de mayo de 2014 en la ciudad de Sevilla. 
Los galardonados/as no podrán optar al premio durante los cinco años siguientes a la fecha en que se les concedió por última vez, asimismo no podrán ser seleccionados los miembros de la directiva de la Asociación ni los componentes del jurado en las dos últimas convocatorias. 
Hasta el momento el Premio ha contado con la colaboración de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, la Obra Social de Unicaja y la Escuela del Mármol de Almería. Este año colabora en el acto de entrega el Ayuntamiento de Sevilla.






PALOMA FERNÁNDEZ GOMÁ RESEÑA BAJO EL SIGNO DE LOS DIOSES DE F. MORALES LOMAS

PUBLICADO EN EL BLOG DE PALOMA FERNÁNDEZ GOMÁ. PRÓXIMAMENTE SE PUBLICARÁ EN LA REVISTA DOS ORILLAS

http://palomafernandezgoma.blogspot.com.es/

martes, 17 de diciembre de 2013





BAJO EL SIGNO DE LOS DIOSES  de Francisco Morales Lomas. Alcalá Grupo Editorial. Jaén 2013.
Por Paloma Fernández Gomá
Francisco Morales Lomas. Poeta, narrador y ensayista es una de las  voces más  representativas de la  literatura andaluza del momento. En  esta ocasión hablamos de su última novela,  BAJO EL SIGNO DE LOS DIOSES editada por Alcalá Grupo Editorial. Alcalá la  Real (Jaén) 2013.
Bajo el signo  de los dioses fija  su acción el  los siglos XVI y XVII, época que  vaticinaba el  declive de un tiempo, condenado a desaparecer por los excesos y corruptelas de  todo  tipo, que tienen lugar  en el reinado de Felipe III y de su sucesor Felipe IV. Tristes fueron estos años, donde  los validos, trepadores  y corruptos,  partiendo  de cero se encumbraban a los  puestos más privilegiados. Entre la abundancia se dan las más sórdidas  represalias por quienes  se dedican  a estos  desmanes, que son el “pan nuestro“ de cada día.
Este sería pues, el marco de la trama  donde se desenvuelve  la novela de Francisco Morales Lomas, haciendo  uso de un lenguaje ágil y matizado, en el contexto del tiempo en que se narra la acción; de esta forma se van  mezclando  realidad  con ficción,  llevando así  a escena a los  grandes escritores de aquel tiempo: Lope de Vega o  Miguel  de  Cervantes Saavedra, cuya obra  más  insigne El Quijote es lectura de algunos de los  personajes de la novela. Don Francisco de Quevedo o Luis de  Góngora conviven en virtud  de  la  trama  desarrollada  en Bajo  el  Signo  de los  dioses, con la emperatriz María.
Los personajes ficticios como  Leopoldo del Prado toman protagonismo  junto  a los reales, desarrollando  así  acciones que  reflejan en el transcurso de la novela  todo un tapiz de  matizaciones  que  entre lo  real y lo  imaginario van cautivando al lector, llegando a mezclar, de forma precisa,  hechos acontecidos con pura ficción; para reconducirnos desde la pericia del autor a la realidad que actualmente se  vive  en España.
El libro  comienza con la  muerte del marqués de Siete Iglesias, Rodrigo Calderón, nacido en  Amberes y  valido del duque de Lerma,  para más datos amigo  del ficticio  personaje Leopoldo del  Prado.
Rodrigo  Calderón,  hombre  de  carácter insolente fue  odiado por  los enemigos del duque de Lerma hasta conseguir mermar  su influencia, pero siempre fue amparado por el duque que veía en  Calderón una baza imprescindible  para sus objetivos.
La  muerte de Felipe III, la subida al trono de  su heredero Felipe  IV y la aparición en escena del conde  de Olivares forman parte del contenido del  capítulo II del libro  que nos  ocupa,  donde  también se  habla del comienzo de  la  vida  y obra del  personaje Rodrigo Caderón, marqués de  Siete Iglesias y conde de la  Oliva  de Plasencia.
El encumbramiento de Rodrigo Calderón,  ya en le capítulo  IV del libro, supone  la narración  de una serie  de acontecimientos  descritos  para enmarcar  la  personalidad de  dicho sujeto;  donde  podemos  leer:  Desde entonces, el que sería duque de Lerma y privado del  rey Felipe III, no daría un paso sin Rodrigo, convertido con los  años en el factótum de todas las estafas y marrullerías del duque. El tiempo lo fue cambiando  y el poder lo  fue corrompiendo.
Los siguientes capítulos  del libro: El duque de Lerma. Año 1595 y Dios los cría ellos se  juntan, narran una  serie de  aconteceres que van imprimiendo la corruptela  secular  de su tiempo,  acomodada al  buen pasar  de quienes apoyaban, inducían y miraban  hacia  otro lado, que de esta forma también contribuían a lo mismo.
La vida en la  corte de Valladolid  integra el capítulo VI, para dar paso a Miguel  de Cervantes llega a Valladolid, capítulo VII, donde podemos  leer:
Las nieves cubrían casi todos  los  caminos y a  duras penas podíamos adentrarnos por la embarradas sendas que las casi  invisibles carretas dejaban porque la  nieve lograba ocultarlas rápidamente. Arrebujados  mi amigo Pablo de  Cijuela y yo en nuestras sucias ropas, avezábamos en la tarde ansiando alcanzar la Puerta del Campo antes de que  llegara el  fin  de la  jornada.
De las argucias de los validos, de sus tramas y conjuras serán los capítulos siguientes,  VIII y IX.
Mas luego en  el capítulo X La caída de los dioses podemos  leer:
El enriqueciendo  de Franqueza y Ramírez del Prado había sido tan descarado y en  tan  poco  tiempo que era  una  bofetada al buen  gobierno y, sobre todo,  a Lerma,  que  confió en ellos para  enderezar la  hacienda. Lo  que   no  sabía Lerma es que la hacienda que estaban enderezando  era la propia.
En Asesinos sueltos, capítulo  XI de  la  novela, entra en acción Francisco Juara, quien  conoce a Rodrigo  Calderón y llega a decir:  mientras escribo estas acaso  últimas letras de un momento a otro los fieles de Rodrigo calderón vendrían a por mí  y, si no  logro llegar a tiempo alujar previsto o incluso aunque llegara, mi  vida  habrá  tocado a  su fin.
Nadar y guardar la ropa, La muerte de  la  reina Margarita, El regreso, De peleas  y decesos, son otros de los apartados, junto a:  El fin del duque de Lerma,  donde podemos leer:
Habían cambiado  ya mucho  las  cosa,  sin duda, y aquel despotismo del  duque  de Lerma y su criado Calderón estaba tocando a su término a pesar de que   ahora trataran de apoyarse en Gabriel  de Trejo con el que habían logrado una  gran victoria  al colocarlo  como  cardenal en Roma. Desde allí Trejo  lanzaba proclamas a favor de  Calderón afirmando que era necesario cédulas  con las que exonerara al  de Amberes y que   acabaran con la tempestad que tanto lo asediaba.
El duque de Lerma  llega a ser desposeído por el  rey, pese a lo cual pide para  Calderón el arzobispado de  Toledo ante  las  risas del soberano. Lerma es nombrado cardenal y entra en escena Baltasar de Zúñiga.
Ya en el capítulo XVII de nuestra  novela se entra de lleno  en la  caza  y captura de Rodriga Calderón.
El de Zúñiga y el  conde de Olivares se conjuran contra Calderón, que se ve sin apoyo alguno  y al  final es ejecutado en Plaza Mayor de Madrid.  Hechos que son narrados  en el  capítulo XIX donde el libro toca a su fin.
Podemos leer:
Un  momento  antes de que la comitiva con Rodrigo Calderón hubiera llegado al  cadalso, se había presentado en este el padre fray Gregorio  de Pedrosa flanqueado  de dos  frailes y dos alguaciles de corte. El  padre  Pedrosa subió al cadalso y esperó la  llegad el cortejo.
Al alcanzar la  Plaza de nuevo  uno  de los  pregoneros repitió la noticia:
“Es la  justicia que el  rey nuestro señor mandó hacer a este hombre por haber ordenado matar a otro alevosamente y por ser culpable de la muerte de de otro  hombre,  y por todas las demás cosas por que está condenado contenidas en la sentencia que le manda degollar.
Estas palabras  figuran en el último capítulo donde se concluyen los avatares de quienes guiados por la codicia sembraron el desequilibrio social, la muerte,  la extorsión, la  mentira y la codicia en una España que ya empezaba su declive. Retrato  que quiere mostrarnos Francisco Morales Lomas, para reconducir nuestras miradas hacia una  firme  reflexión sobre los momentos que estamos  viviendo.

domingo, 15 de diciembre de 2013

BAJO EL SIGNO DE LOS DIOSES DE F. MORALES LOMAS POR ENCARNI PÉREZ

BAJO EL SIGNO DE LOS DIOSES DE F. MORALES LOMAS POR ANTONIO MORENO AYORA EN DIARIO CÓRDOBA





Diario Córdoba | Domingo, 15 de diciembre de 2013

Diario Córdoba.

Cuadernos del Sur 

Consagración de un narrador

Francisco Morales Lomas se adentra en las corruptelas del siglo XVII

Antonio Moreno Ayora14/12/2013
Encarcelado en Valladolid desde hacía dos años, el privado Marqués de Siete Iglesias comienza recordando sus últimos días de libertad y el ambiente que ya entonces le era contrario y que acabaría con su procesamiento por orden real. Así, con las correspondientes concreciones, esta nueva novela de Francisco Morales Lomas sitúa al lector a comienzos del siglo XVII, envolviéndolo en las intrigas cortesanas cuya vorágine empujaba al citado protagonista "en mitad del fuego de los odios familiares, de los resarcimientos palaciegos, en mitad del campo santo, muriendo en vida". La suerte del prisionero, cuyo nombre de pila era Rodrigo Calderón, queda descrita con alusiones y citas entresacadas de fray Luis de León, de Villamediana o de El Quijote , todas ellas encaminadas a dotar de un basamento literario al argumento del relato presente, ensombrecido por la malicia "del poder y la fama de la que siempre venía precedida la envidia en España".
Ciertas pinceladas de la infancia de Rodrigo y otros oportunos sucesos de su adolescencia (véase los capítulos II y III) sirven para ir configurando su propia biografía, esbozada en paralelo a la de diversos personajes históricos --pues de la historia más real es de donde se surte esta novela--, y a adelantar que, conseguida por él la posición de secretario del duque de Lerma, llegaría a ser personaje marrullero y vicioso al que "el tiempo lo fue cambiando y el poder lo fue corrompiendo" (página 39).
La contextualización histórica y literaria es fundamental en este libro, y uno de sus basamentos de mayor rigor. Ejemplos de ello pueden ser los capítulos V y VI, en donde se recrea la influencia que la emperatriz María de Austria --hija de Carlos V y tía abuela de Felipe III-- intenta ejercer sobre este último, y el capítulo VII, donde se da voz al mismo Miguel de Cervantes para que este vaya haciendo comentarios referidos a sus propias creaciones, a las que igualmente entronca en su biografía: "...no me fue mal en Valladolid, he de reconocerlo, porque la alegría de la publicación de El Quijote compensó todos los males". Este Miguel de Cervantes ("Manco y penitente, solo me quedaba...", que es como se describe) es el narrador, en primera persona, de los capítulos VII y VIII, en donde va además situando y reseñando anécdotas de otros insignes escritores contemporáneos suyos, como Góngora, Quevedo y Lope, aparte de otros de menor nombradía.
La novela ofrece la característica estructural de ir cambiando de narrador según los intereses del argumento. Aunque en muchos de ellos hay un narrador omnisciente en tercera persona, en otros se va modificando la voz narrativa para acomodarla a los sucesos que alguien cuenta en primera persona. Ello sucede, entre otros, en los capítulos IX y X, donde es el propio Rodrigo Calderón el que recuerda conocidos lances y llega a descubrir la razón del título de su historia al referirse a todas cuantas personas, con sus maniobras y corruptelas, "se creían por encima del bien y del mal" y "Tenían así algo de dioses menores en su estulticia pero dioses bastardos que con un ligero viento podían caer de sus alcores". Es el mismo Rodrigo Calderón el que, aún en el uso de la palabra, dice de sí mismo que "había pasado a ser el favorito de Lerma, su brazo derecho, y, por tanto, me había convertido en el hombre más poderoso tras él". Es esa alternancia de narradores la que permite que otros hablen igualmente del comportamiento político de Rodrigo Calderón, lo que hace un tal Francisco de Juara en el capítulo XI o Lerma más adelante (página 137) al querer concretar que los organizadores de la vida pública se dejan llevar por los intereses personales para acabar reconociendo que "El ser humano se mueve por el beneficio y solo por él es capaz de actuar". Es este el razonamiento que con más frecuencia encontramos repetido en el argumento, donde a veces un narrador puede confirmar que "Todos se enriquecen mientras el pueblo paga", y añadir que por ello esta es una "historia de despropósitos y avispados" (páginas 177 y 179).
En esta sucesión de puntos de vista narrativos, el del hijo de Lerma se deja oír luego en el capítulo XIV para poner en aviso al lector de que la estrella del protagonista estaba próxima a eclipsarse, y ello como un efecto de la caída --relatada en el XVI-- de ese dios que era el potentado Duque de Lerma. Así que el relato, poco a poco, va cerrando el círculo del argumento, y lo suelda definitivamente cuando en el capítulo XVII se vuelve al asunto con que comenzaba la historia, la detención y encarcelamiento de Rodrigo Calderón, al que se le somete sucesivamente (capítulos XVIII y XIX) a un torturador interrogatorio y a una posterior ejecución pública con que se alecciona mostrando que los dioses caen y se desmoronan como una consecuencia de sus propias maniobras, intrigas, delaciones, prebendas y corrupciones de todo signo, que es lo que viene a demostrar esta novela de Morales Lomas, ahora de argumento tan actual.
El autor, junto a la riqueza de sucesos y anécdotas de corte político, ha querido igualmente contextualizar su argumento en la vida cultural y literaria de la época, que tan unida estaba sin duda al acontecer político. Y en esta línea, un capítulo fundamental es el XV, en el que de nuevo se permite al propio Cervantes mostrarse en contra de Lope de Vega ("Nunca me gustó el teatro de Lope ni su vanidad", comienza el capítulo), concretando luego curiosas reflexiones sobre la literatura y la suerte que esta le depararía, y todo ello en unas páginas que evidencian la alta capacidad de Morales Lomas para enhebrar en ellas su saber literario y su sensibilidad para penetrar la biografía de sus personajes, uno de los cuales es este genio universal haciendo recopilación de su vida y de su melancolía en plena vejez: "Pero ahora, puesto ya el pie en el estribo, aquí yazco entre estos almohadones, contemplando la primavera que entra por la ventana, dulce en la blandura de presentir que todo se me está yendo en un hermoso día, como ha sido mi vida (...)".

  
'Bajo el signo de los dioses'. Autor: Francisco Morales Lomas. Edita: Alcalá Grupo. Alcalá la Real (Jaén), 2013.

viernes, 13 de diciembre de 2013

EL TEATRO DE MANUEL ANDÚJAR EN SU CENTENARIO POR F. MORALES LOMAS


MANUEL ANDÚJAR

El teatro de Manuel Andújar en el centenario de su nacimiento
13/12 | Salón de Actos | 19:30

Conferencia “El teatro de Manuel Andújar en el centenario de su nacimiento”.
A cargo de: Francisco Morales Lomas. Presidente de la Asociación Andaluza de Escritores y Críticos Literarios y catedrático de Literatura.
Organiza: Vocalía de Narrativa y Ensayo.

jueves, 12 de diciembre de 2013

ENTREGA DEL PREMIO DE LA CRÍTICA A ROMERO ESTEO Y HOMENAJE A FERNANDO ALGUACIL

INFORMACIÓN DE LA CADENA SER

Miguel Romero Esteo recibe en Granada el III Premio Andalucía de la Crítica 2013 en la modalidad de teatro

Premio CriticaEl Palacio de los Condes de Gabia, sede de la delegación de Cultura de la Diputación de Granada, ha acogido esta tarde la entrega del III Premio Andalucía de la Crítica 2013 en la modalidad de teatro a Miguel Romero Esteo (Montoro, Córdoba, 1930) en un acto presidido por el diputado delegado de Cultura, José Torrente.
El dramaturgo cordobés afincado en Málaga ha sido reconocido por la obra Tartessos debido a que “se trata, sin lugar a dudas, de una de las grandes obras contemporáneas por la conformación de un mundo primigenio que nace con la solvencia, el rigor y la trascendencia de la palabra poética. El texto, de gran belleza literaria, llega a fascinar, fruto de la imaginación desbordante del autor, que nos transporta a otra época, a otro mundo, a otra forma de entender y de vivir la existencia con gran verosimilitud y con gran enorme acierto creativo. Todo un canto al teatro como acto creador y representativo pero también como instrumento simbólico y agitador”, en palabras del jurado del Premio, presidido por Francisco Morales Lomas, de la Universidad de Málaga, según ha comunicado la Secretaria del mismo, la escritora y profesora Remedios Sánchez en la lectura del fallo.
La Laudatio del premiado la ha realizado el reconocido director de escena y profesor de la Escuela Superior de Arte Dramático de Madrid, Rafael Torán, experto en la obra del laureado. A continuación está prevista la entrega de una reproducción de Máscaras, creación del artista granadino César Molina, en reconocimiento al autor.
Asimismo, en dicho acto será homenajeado el dramaturgo granadino Fernando Alguacil, “por su aportación al teatro realista social de la segunda mitad del siglo XX”, sobre cuya obra hará un recorrido el abogado y dramaturgo José Andrés Moreno-Dávila.
José Torrente, diputado de Cultura de la Diputación de Granada, ha reafirmado el “apoyo” de la Diputación Provincial a la Asociación Andaluza de Dramaturgos, Investigadores y Críticos Teatrales, que entrega este Premio Andalucía de la Crítica en su tercera edición, por “su labor por la difusión del teatro en Andalucía y en esta provincia”.
Miguel Romero Esteo (Montoro, Córdoba, 1930) es un dramaturgo y profesor universitario afincado en Málaga. En el ámbito de la vanguardia teatral antifranquista, estrena en 1972 en el Festival de Sitges la obra Paraphernalia de la olla podrida, la misericordia y la mucha consolación, un espectáculo que es llevado posteriormente a la ciudad del Sena, en el marco de la I Semana Antifranquista de la Universidad de París. En 1974 estrena Pasodoble en el Festival de Teatro Nuevo de Madrid, y ambas obras se representan a lo largo y ancho de todo el territorio nacional durante varios años. En 1985, desde Estrasburgo le otorgan el Premio Europa por su obra Tartessos y este mismo año obtiene el Premio de Teatro Enrique Llovet, convocado por el área de Cultura de la Diputación Provincial de Málaga, por Gárgoris, rey de reyes. En 1992, la Junta de Andalucía le concede el Premio Andalucía de Teatro. En 2008, el Ministerio de Cultura le otorga el Premio Nacional de Literatura Dramática por su obra Pontifical, una crítica antisistema escrita en 1966 y editada clandestinamente en cciclostil en 1970. La Junta de Andalucía, también en 2008, le concede el Premio Luis de Góngora y Argote, destinado a la mejor trayectoria literaria, por el conjunto de su obra. El Premio de la Crítica Teatral por la obra Tartessos, revisada y ampliada, que ha sido publicada en 2012 por Fundamentos, viene a completar el homenaje a su figura y a su compromiso teatral.
Fernando Alguacil (Granada, 1940). Escribe poesía y textos teatrales desde muy temprana edad. Desde su juventud estuvo vinculado al mundo del teatro, primero en el Teatro Español Universitario (TEU) y posteriormente en el grupo de teatro de la Casa de América, ambos con José Martín Recuerda como director. Más tarde pasó a dirigir él mismo a distintos grupos de teatro universitarios y realiza las puestas en escena de la Fedra de Unamuno o de Doña Rosita la soltera de Lorca. De entre sus obras destacan La habitación, Obsesión, Un techo de bronce o La huella, algunas aún no publicadas.

martes, 10 de diciembre de 2013






ACTO DE ENTREGA DEL
III PREMIO «ANDALUCÍA» DE LA CRÍTICA 2013
EN LA MODALIDAD DE TEATRO


NOTA DE PRENSA



El 11 de diciembre de 2013 a las 19 hs. tendrá lugar en el Palacio de Condes de Gabia  y en un acto presidido por el Diputado de Cultura, José Torrente García, la entrega del III PREMIO «ANDALUCÍA» DE LA CRÍTICA 2013 EN LA MODALIDAD DE TEATRO al dramaturgo cordobés afincado en Málaga Miguel Romero Esteo por a la obra Tartessos, debido a que “se trata, sin lugar a dudas, de una de las grandes obras contemporáneas por la conformación de un mundo primigenio que nace con la solvencia, el rigor y la trascendencia de la palabra poética. El texto, de gran belleza literaria, llega a fascinar, fruto de la imaginación desbordante del autor, que nos transporta a otra época, a otro mundo, a otra forma de entender y de vivir la existencia con gran verosimilitud y con gran enorme acierto creativo. Todo un canto al teatro como acto creador y representativo pero también como instrumento simbólico y agitador”, en palabras del Jurado del Premio, presidido por Francisco Morales Lomas (Universidad de Málaga), según ha comunicado la Secretaria del mismo, la escritora y profesora Remedios Sánchez en la lectura del fallo.
La Laudatio del premiado la realizará el reconocido director de escena y profesor de la Escuela Superior de Arte Dramático de Madrid, Rafael Torán, experto en la obra del laureado. A continuación se le hará entrega a Romero Esteo de una reproducción de “Máscaras”, creación del artista granadino César Molina. 
Asimismo, en dicho acto será homenajeado el dramaturgo granadino Fernando Alguacil, “por su aportación al teatro realista social de la segunda mitad del siglo XX”, sobre cuya obra hará un recorrido el abogado y dramaturgo José Andrés Moreno-Dávila.

MÁS INFORMACIÓN: Remedios Sánchez, Secretaria de la ASOCIACIÓN ANDALUZA DE DRAMATURGOS, INVESTIGADORES Y CRÍTICOS TEATRALES: reme@ugr.es

DATOS COMPLEMENTARIOS:
Lugar: Palacio de los Condes de Gabia (Granada)
Día y hora: 11 de diciembre de 2013, a las 19,00 hs
Miguel Romero Esteo (Montoro, Córdoba, 1930) es un dramaturgo y profesor universitario afincado en Málaga. En el ámbito de la vanguardia teatral antifranquista, estrena en 1972 en el Festival de Sitges la obra Paraphernalia de la olla podrida, la misericordia y la mucha consolación, un espectáculo que es llevado posteriormente a la ciudad del Sena, en el marco de la I Semana Antifranquista de la Universidad de París. En 1974 estrena Pasodoble en el Festival de Teatro Nuevo de Madrid, y ambas obras se representan a lo largo y ancho de todo el territorio nacional durante varios años. En 1985, desde Estrasburgo le otorgan el Premio Europa por su obra Tartessos y este mismo año obtiene el Premio de Teatro Enrique Llovet, convocado por el Area de Cultura de la Diputación Provincial de Málaga, porGárgoris, rey de reyes. En 1992, la Junta de Andalucía le concede el Premio Andalucía de Teatro. En 2008, el Ministerio de Cultura le otorga el Premio Nacional de Literatura Dramática por su obra "Pontifical", una crítica antisistema escrita en 1966 y editada clandestinamente en cciclostil en 1970. La Junta de Andalucía, también en 2008, le concede el Premio Luís de Góngora y Argote, destinado a la mejor trayectoria literaria, por el conjunto de su obra. El Premio de la Crítica Teatral por la obra Tartessos, revisada y ampliada, que ha sido publicada en 2012 por Fundamentos, viene a completar el homenaje a su figura y a su compromiso teatral.

     

Fernando Alguacil (Granada, 1940). Escribe poesía y textos teatrales desde muy temprana edad. Desde su juventud estuvo vinculado al mundo del teatro, primero en el Teatro Español Universitario (TEU) y posteriormente en el grupo de teatro de la Casa de América, ambos con José Martín Recuerda como director. Más tarde pasó a dirigir él mismo a distintos grupos de teatro universitarios y realiza las puestas en escena de la Fedra de Unamuno o de Doña Rosita la soltera de Lorca. De entre sus obras destacan La habitación, Obsesión, Un techo de bronce o La huella, algunas aún no publicadas.  



lunes, 9 de diciembre de 2013

NUEVA YORK DESPUÉS DE MUERTO DE ANTONIO HERNÁNDEZ POR F. MORALES LOMAS






La querencia de Antonio Hernández hacia la poesía de Luis Rosales viene de muy antiguo. Los unió una buena amistad y Antonio se consideró heredero del sentimiento y la técnica literaria del granadino. Pero en este nuevo poemario Antonio Hernández ha querido unir a esa querencia la de otro granadino universal, Federico García Lorca, y la no menos cosmopolita Nueva York.
Un triángulo mágico que determina la esencia de un poemario que formalmente aspira al mestizaje de géneros tanto como a la taracea de individuos, símbolos y valores que convergen en un Aleph para crear un poemario nuevo, insólito y rupturista. Se ha producido en él una convergencia, una interacción sincrónica entre forma y contenido desde un consciente claramente predeterminado que muestra un impulso poético generoso en la creación, con continuas referencias intertextuales que posibilitan los reajustes conceptuales, las gradaciones y los inestimables recursos expresivos de toda laya. Antonio Hernández aspira a esa unidad consciente desde la multiplicidad de sensaciones, espacios, técnicas, mixturas textuales y aciertos expresivos en una obra que se hace extensa, sinuosa y enérgica en su macroestructura y en su intenso ritmo.
Hay un acierto evidente en sus selecciones léxicas, en la fusión de simbologías diversas y en la yuxtaposición de mundos que se van cruzando al crear una malla semántica de afirmaciones, elisiones y sustituciones en aras de conducir el poemario por la vertiente totalizadora, poesía total que como en su momento Dos Passos en narrativa, aspira a la complementariedad como elementos que configuran el todo en la información reveladora, las acotaciones, los diálogos o los montajes.
En la Justificación inicial explicita el origen de este título: “Luis Rosales, mi maestro (…) quería terminar su obra con una trilogía titulada Nueva York después de muerto”. No lo pudo hacer y este es el mejor homenaje que en su centenario durante 2010 (y desde la desembocadura del Río San Pedro, en Puerto Real, Cádiz) Antonio Hernández quiso dedicar al maestro granadino, donde temáticas como Nueva York, el exilio, la mecanización, el automatismo, la desigualdad de razas… están presentes, como lo estuvieron en Poeta en Nueva York, del genial escritor de Fuente Vaqueros.
Los tres libros del conjunto no son sino la macroestructura textual que organiza este mundo desorganizado en el que se mueven las vías comunicativas formales y semánticas en un intento de dotarlo, desde ese triángulo mágico, de una perfecta armonía. Hay una forma interior que va a ir progresivamente elevándose desde esa pluralidad exterior, desde ese depósito de substancias temáticas e intelectuales resultantes y desde esa estructura tripartita en libros que se le presenta al lector.

El Libro Primero, que ocupa casi la mitad de la obra en su totalidad, lleva tres citas: una de Edith Wharton que alude a la mediocridad de los norteamericanos; otra de Enric González en la que define la idiosincrasia de Nueva York como ciudad que nació del comercio, apenas rozó la esclavitud y nunca brilló por su respeto a la autoridad; y, finalmente, unos versos de José Hierro sobre el desangramiento del poeta en su escritura. En definitiva, la esencia y la forma de descubrir esa esencia desde el artificio del poeta y su sangre en ebullición.
Esta primera imagen nos advierte de su voluntad de incidir en la ciudad de los rascacielos como Aleph del espíritu norteamericano y para ello opta por la retórica del discurso narrativo desde el inicial contacto con Luis Rosales, en los primeros versos, y Federico García Lorca hasta sus críticas aseveraciones sobre la realidad norteamericana actual y el Tea Party. Tras exculpar a Rosales de todos los ataques a que fue sometido por su intento de mancillarlo y acusarlo como corresponsable en la muerte de Lorca, crea el contexto de esa España, “Un país lleno de ratas y telarañas”, pero también de resentimiento y de odio. Antonio Hernández emplea el lenguaje en esos momentos con la aspereza del estilete y la templanza de los afectos hacia las personas amadas. Pero siempre surge con fervor la traslación de la palabra, su valor como apotegma y como reverente presencia y el homenaje a la casa encendida y la memoria de odios y cárceles.
Hay un discurso ensayístico con valor de proyección lírica tensa, cerrada y fuerte en donde la abstracción del léxico (cuadrícula, reglamentación, simbiosis) conviven con ese enmarque de la ciudad de Nueva York en los destinos de ambos poetas: Luis Rosales y Lorca. En este primer desafío hay una voluntad de amparo y salvaguarda clara del maestro. Para después, recurrir simbólicamente a esta Nueva York, este símbolo de la modernidad, con los emblemas y mestizajes de la palabra de Dos Passos y su Manhattan Transfer, al decir que fue este quien hizo protagonista también a la ciudad. Antonio Hernández acuerda ese despliegue de medios formales para conformar una imagen en la mente del lector que sintetice las contradicciones, las paradojas, el gran oxímoron de la ciudad de ciudades, de la Babilonia de la era poscontemporánea.
Busca la fortaleza de la representación semántica y crear una especie de cosmogonía mítica de la gran ciudad a través de una progresión selectiva de elementos. Pero antes de llegar a ello Lorca vibra en el poema como estandarte de una época de terror el nazismo, el miedo al anarquismo… y el americano que ama el dinero tanto como a su bandera. En esta simbiosis de símbolos diletantes, Antonio Hernández se revuelve crítico y adusto pero conmovedor y tierno en una singladura de distancias y contradicciones que convergen en la gran ciudad, que mixtura a la vez con sus experiencias personales (como aquella novia americana que tuvo) para después advertirnos de la génesis genealógica de razas y pueblos que convergieron en la gran ciudad: judíos, italianos, chinos… para componer esa detención a caballo entre el ensayo y la lírica de corte neoclásico en su afán patriótico y desmitificador de una realidad que nos presenta bajo múltiples aristas. En ese deambular del monólogo interior, que toma como estructura, surge la alegorización de su asesinato y la intertextualidad definitoria sobre la idiosincrasia española vía Antonio Machado (“Mala gente que camina”) y ese fascismo asesino, ese otro yo de la sociedad española.
En el errar por la ciudad de los rascacielos, los negros ocupan un espacio querido, a través de esa figura, de ese mito efusivo y delirante, que sirve de reclamo axiomático: Baltasar: “Baltasar, el músico, el poeta, el que no lleva oro,/ ni incienso, ese alimento de la soberbia,/ sino mirra aromática”. Es un deambular por la metafísica de los impulsos del espíritu, con la música ocupando un espacio solemne pero también la fina ironía y el sarcasmo agraz contra los sajones en la figura de Pound, ese fascista, nazi “carteleado por sus obsesiones/ de zarandeador dispuesto a devorar”.
Existe en sus impulsos de realismo deformador un íntimo deseo de construir la mecánica de las imágenes y realizar un cálculo casi naturalista de las insuficiencias, tanto como un ensalzamiento de los grandes escritores de la generación perdida. Pero su actitud crítica lo redime. Los escritores que forman el síndrome de su persistencia surgen con fortaleza por boca de Huxley o Poe, a los que con el bisturí de un Quevedo sondea y descuartiza con un lirismo a ratos deformador y a ratos sentimental. Y mientras los poetas son la cuna del verso, el pretexto es América y su definición de territorio en formación, “es un país sietemesinamente/ inmenso y autorrecetado/ (…) una ira de Biblia contra Europa,/ su vieja madre corrompida,/ su puta madre indolente,/ la filosofía estéril del pasado/ contemplando las nubes, perezosa./ Las maravillosas nubes que pasan”.

ANTONIO HERNÁNDEZ Y F. MORALES LOMAS EN ARCOS DE LA FRONTERA (CÁDIZ)

El objeto poético es América, su forma de pensamiento, sus grandes escritores y su voluntad de ser un país que crece y se multiplica como una especie de conmovedora alegoría deshumanizadora. La poesía de Antonio Hernández transfigura la normalidad activa de las cosas, crea la densidad poética del mito. Y en ese deambular por los grandes escritores tiene un lugar especial para Walt Whitman y sus Hojas de hierba. Whitman y su don de la transparencia, ese visionario extravagante y tosco, vocinglero que cultiva la espiritualidad de Asia en la América arrogante. La metáfora se apodera entonces del verso como una especie de arúspice que advierte del personaje y su rico mundo.
Hernández hace un recorrido de estancias y paseos, describe un mundo físico y mental, un espacio que sueña pero también un ámbito demoledor. A través de él pueden aparecer todos los emblemas de ese mundo como Central Park o los irlandeses y la presencia de Garrido Moraga mientras se habla de Eliot en la Hispanic Society. En esa suculenta peregrinación el universo se amplía y se metaforiza, se construye un mito cósmico, un mito universal en el que el poeta, en su apasionada ebriedad, se embriaga de ese mundo y nos ofrece la imagen de un sentimiento: “La vida es un sueño del que no podemos despertar”.
Y finalmente, en este recorrido casi canónico, casi laico de la ciudad de Nueva York, no pueden faltar los desarrapados de la manzana podrida, y tampoco esa ideología que los conduce hacia las tinieblas del Tea Party. Es curioso que Nueva York, en última instancia, confíe toda su esperanza al destino.
Antonio Hernández ha querido en este primer libro desenmascarar un espacio y unos personajes hundiendo certeramente el bisturí en los símbolos, como si se tratara de una historia que contar o recontar o difundir con toda la fuerza de la que la hace posible la literatura. Invariablemente oportuna y profundamente narrativa y enmarcada en su evolución de fascinante objeto poético, desde ese conglomerado personal y totalizador.

En el segundo libro hay una cita inicial de Kierkegaard que revela los peligros de arriesgarse o no en la vida como una forma de pérdida de equilibrio o de merma de sí mismo respectivamente, y otra de Quevedo en torno a una manera de nacer y muchas de morir. El centro es Luis Rosales y la poética como médula de su discurso metaliterario. Una poesía definida como holista, total, en diálogos de Rosales y Hernández, como realidad que enhebre todos los géneros en un magma comprensivo y sistémico o armónico. En esa creación las enumeraciones juegan el papel de relevante selección de nombres: Machado, Borges, Onetti… pero también Félix Grande y Paca, tan amigos del poeta granadino. Antonio Hernández se redime a través de la memoria de aquel diálogo en torno a la poética de Rosales tomando como avío esta especie de diálogo diferido en el monólogo, metafórico, rutilante, hurtado por el don de la ebriedad de la palabra dada. Hay frases que juegan al cripticismo del misterio y que solo él las conoce en el territorio que juega. Pero existe algo conmovedor que sirve de reclamo y acicate: el culto de la esperanza y su razón de ser como territorio que amplía nuestra mirada.
“Por eso ahora vamos a hablar/ como siempre de poesía/ -la poesía es la máscara/ que nos descubre-, vamos/ a hablar de nuestra catarata/ siempre cayendo, de esa tempestad del poeta”, dirá Antonio Hernández mientras trata de recordarse en aquellos momentos y a ese poeta joven con su corazón de campana. La metapoesía se convierte en el objeto de reflexión que reconozca la discursividad de las vivencias y el reclamo de la definición del poeta, de su acento, de su vivir dos veces. Y en este ámbito encuentra el camino para hablarnos de que la forma y la materia, el espíritu, deben estar al unísono en una armonía que produce la cadencia, pero también la emoción y cuanto el espíritu acomete: “Y, apréndetelo bien,/ que no se escribe, se ama/ con gozo y sufrimiento. Y ese es el corazón”. A veces se ha tenido la vocación de cerrarlo, de pensar que bastaban las palabras, pero realmente lo que basta es la vida y esa identidad esencial del discurso poético. Y en ese convencimiento, la figura de Federico surge relevante y reveladora en su alegría proclamada o en ese amor a la vida que era como la iconoclasia del ser en sí.  Como un emblema que se define y se acaricia: “Federico era un tropel/ y era agua bendita, la que cae de los ojos/ porque está bendecido el sufrimiento”.

MANUEL GAHETE, ANTONIO GARRIDO MORAGA, F. MORALES LOMAS, JOSÉ A. SANTANO, JOSÉ GARCÍA PÉREZ, ANTONIO HERNÁNDEZ, REMEDIOS SÁNCHEZ, CARLOS BENÍTEZ VILLODRES Y JOSÉ SARRIA EN LA ENTREGA DEL PREMIO DE LAS LETRAS ANDALUZAS ELIO ANTONIO DE NEBRIJA AL ESCRITOR GADITANO

A través de fulgores, los chispazos del alma, construye los poemas, nacen del protagonismo que tiene la palabra y el hombre, de la intuición y de la memoria del subconsciente y el ensueño, un misterio, una ilusión… que crean la dimensión de la inmediatez y la luminosidad. Porque eso es al fin y al cabo el poema: una lumbre en mitad del bosque y la hojarasca de la vida. Los recursos al humor, entiende el poeta gaditano, pueden ser un instrumento, pero también una trinchera o una daga.
Progresivamente se va apoderando de su poesía la voz de Luis Rosales, en cuya palabra se desdobla el poeta de Arcos para desde su sentimiento ausente proyectar parte de su mundo, elevando la experiencia humana sensible, acomodándose a su sensibilidad, convirtiéndose en el personaje Luis Rosales. Un poeta que habla desde la vida, desde la vejez y desde la muerte, “la congelación del sufrimiento”.
En ese ejercicio de desdoblamiento aparece un Rosales reflexivo que nos conduce por la experiencia vivida y su reflejo en la felicidad o su ausencia, en la fascinación del demonio o en las resultas de ese corazón que todo lo llena. Habla Rosales desde ese viaje de sombras y su visión de la muerte como si se mirara en un espejo. Hay en sus palabras un deje de tristeza, de recurrencia a la melancolía en esa búsqueda de sí y de lo que representan en su vida las grandes ideas, en esa hora poética de los símbolos y las evocaciones: “Mis amigos saben/ que siempre investigué/ en el color de los sueños”, dirá con la fortaleza que dan los años y la vida vivida, pero también de la decadencia del vivir, de eso que llaman vejez (“En la vejez llaman arrugas/ a las heridas”) y ese destierro sublime que nace de la desolación y el agotamiento de vida. Y en ese recorrido  reconoce que un día Antonio Hernández le confesó que no aguantara el dolor, “que el dolor/ que se aguanta apretando los dientes/ se instala en el cerebro”.
Luis Rosales habla de Antonio Hernández del que dice que le trae los libros de consulta, llama a un taxi o le cobra la propina en premios. Un Luis Rosales que se deja llevar por los consejos del joven poeta que lo acompaña por los centros educativos y las universidades y es leal sin excepción. Es una confesión en toda regla, sincera y sentida. Después habla de su mujer, María, María Fouz: “María era la juventud y tenía el nombre/ de la naturaleza que hace la vida/ íntima y luego rompe el molde”. Palabras generosas y definitorias que sirven de intermedio para esa continuidad de los actos de Antonio, que le lleva la silla de ruedas y lo acompaña y al que le cuenta historias de Granada, como aquel día con José López Rubio, que da pie para cerrar este libro con la memoria de Federico: “¿Y no has visto, maestro, a Federico,/ no estará entre las nubes su tumba?”.
En este segundo libro se nos conduce desde la metapoesía hacia la vivencia de Rosales y el recuerdo entrañable y siempre afable de Lorca desde el dolor. Hay un misterio que se evoca con la fortaleza de ese desdoblamiento pero con la melancolía de lo pasado, de esa memoria que deviene unas veces muerte, añoranza o entrañable recordatorio.

En el tercer libro toma una cita de Lorca: “Callar y quemarse es el peor castigo que nos podemos echar encima”. Mucho más constante la presencia de Lorca desde el inicio aunque, a medida que avance, la síntesis de ambos poetas será recurrente y operará como un conjuro, una valencia mítica de singularidades que se acercan y se van acomodando en una emoción que nos conduce en el poema final que nos presenta los últimos momentos vitales de Luis Rosales.
La sonoridad de los primeros poemas nos reencuentran con aquella musicalidad asonantada del escritor de Fuente Vaqueros y los símbolos de su Darro, Genil y Guadalquivir, los llantos de la guitarra y también los pobres y los males que los acosan. Es un claro homenaje en el soneto “No sé si fue morir más espantoso” con el que auspicia las grandes ideas que sobrevolaron su vida. La guerra, el tormento, el sufrimiento, el amor. Imágenes que adquieren una inmensa notabilidad estética como cuando se define a sí mismo en esa especie de desdoblamiento poético en Lorca. Los símbolos lorquianos aparecen con su fortaleza antigua, como la herida negra o el rey Baltasar y esa ironía de la economía como fondo: “Nadie es negro si es de oro,/ si es de oro su cartera”.
Alguna copla nos habla de ese lloro por la muerte del poeta y de su entierro, y otros, siguiendo el estilo del escritor granadino, recuerdan su lucidez y su simbología metafórica en torno a los niños gitanos o las navajas y la sangre: “No se saca una navaja/ si no se lava con sangre/ y con honor no se guarda”. Su estilo se hace más Lorca en sus ritmos y en su simbología de argumentos poéticos y metáforas que nos recuerdan al genial escritor.
Pero poco a poco ambos poetas se van acercando, Rosales y Lorca. Y cuando esto sucede surge el enorme reconcomio de Rosales en torno a su muerte, y ese sufrimiento heredado del que muchos lo hicieron depositario: “Si me hubiera expresado con mis mejores armas,/ me hubiera defendido con éxito, sin gloria,/ en lo de Federico, y no hubiera tenido que sufrir/ tanta calumnia, tanta grosería/ seudointelectual”.
Habla un poeta dolorido, acosado por la época y por ese mundo cainita. Pero también un poeta adulado en esa especie de sístole y diástole que es la existencia con sus desdichas y su materia sagrada. Aunque su dolor estará siempre presente como una ofensa que viene una y otra vez a través de sus palabras maltratadas: “Me han insultado en todos los idiomas”. O en la acusación de una señora en Buenos Aires de haber matado a Miguel Hernández y en Caracas de haber compuesto el Cara al Sol y Montañas Nevadas. Es un padecimiento que está ahí presente en la voz de Luis Rosales. Una confesión que a veces necesita, para no sucumbir, del sarcasmo y la ironía, como cuando dice que “yo siempre fui católico aunque degenerando”. Un poema en donde surgen con fortaleza las desmitificaciones de época con su proliferación de psicópatas y de desdichas, pero siempre con la idea de la ética como frontispicio: “Vale más una nota de honra en la fama/ que atasco en la cartera”. Achacable todo ese mundo a las envidias que todo lo adornan con sus iniquidades.  Ironías que van cerrando en el poema donde surge de nuevo aquel Nueva York del principio con intención de aclimatarlo al cierre cíclico: “¡Nueva York, esa libertad/ donde se tambalea el Universo!
El último poema, con la cita de Luis Rosales de que “Cuando todo termine quedará lo más nuestro”, retoma el discurso épico-lírico para contarnos los últimos momentos del poeta granadino y su llegada al hospital Puerta de Hierro, jadeando y con los ojos cerrados. Los familiares cercanos y “Juan Antonio Ceballos le cogía/ la mano con ternura de amigo/ que alentara a un padre”. Y esos versos transfiguradores y epistémicos ante la muerte del poeta amado: “Y al volver a cerrarlo presentimos,/ unificados por la voz del alma,/ que algo acababa de estrenarse/ arriba, en las estrellas”.

La poesía de Nueva York después de muerto de Antonio Hernández es uno de los poemarios más heterodoxos e iconoclastas que se han escrito en los últimos tiempos en la poesía española. Crea un mundo totalizador desde la síntesis de tres perspectivas que confluyen en un emblema con carácter de axioma. Un universo mítico que nace en la ciudad de Nueva York con su conformación de espacio épico-lírico para progresivamente ir conformando un lirismo sentido y un impulso antropológico en el que el hombre triunfa sobre el emblema haciéndose más humano. Desde la ciudad se confluye en el hombre y en su memoria, construida de afectos. Un enorme poemario que acredita una vez más la altura intelectual y humana de este gran escritor español.

ANTONIO HERNÁNDEZ, Nueva York después de muerto, Ed. Calambur, 2013.

jueves, 5 de diciembre de 2013

LECTURA DE RELATOS DE F. MORALES LOMAS EN EL LICEO DE MÁLAGA



Organizado por Francisco Muñoz Soler, se realizará una lectura de relatos el día 16 de diciembre de 2013 a las 19:45 en el LICEO DE MÁLAGA.

F. Morales Lomas leerá relatos de sus libros El sudario de las estrellas (1999), Juegos de goma (2002), Tesis de mis abuela y otras historias del Sur (2009) y Un intruso en el cielo, El regreso (de Historias republicanas), Subida al cielo, El laberinto de la esperanza... y algunos inéditos de su libro en preparación El viento entre los lirios.




domingo, 1 de diciembre de 2013

UNA HISTORIA VIOLENTA Y EL TERRITORIO SOLER POR FRANCISCO MORALES LOMAS







Siempre dije que Antonio Soler se encuentra magnánimo y oferente como narrador en su propio territorio: Málaga y la infancia-adolescencia. El territorio Soler no lo entiendo solo como espacio, sino también como tiempo y como personajes que deambulan, nacen y crecen en ese periodo de la vida, y forma un todo, un conjunto cotidiano y doméstico. Ese elemento totalizador que da sentido a su obra es el territorio Soler.
Podría entenderse como un territorio cualquiera sobre el que se permite una simbología o se crea un paradigma, como puede ser Macondo para García Márquez o Celama para Mateo Díez... De hecho, cuando así ha sido definido, se ha identificado con un territorio concreto: Málaga, camino Suárez, Eugenio Gross… Pero no es así totalmente: la particularidad de este territorio no es el espacio en sí mismo, sino su proyección, su impulso y su conexión con el bildungsroman o la novela de iniciación. Es decir, el crecimiento, su evolución o progresión. El territorio Soler tiene sentido como levadura narrativa, su iniciación (una forma de ir comprendiendo lo desconocido y lo secreto, un viaje iniciático; así dirá: “Hace un tiempo en el que yo creía que las cosas eran de otro modo”), su  crecimiento como individuo: el narrador de esta novela lo es en cuanto inaugura o estrena su propia identidad como individuo que trata de comprender el mundo que lo rodea. El discurso narrativo de Soler tiene plenamente sentido y vigencia en este territorio, que es una especie de tautología en sí misma, porque su vida, su historia sentimental y personal, junto con los aportes precisos que incorpora todo narrador, se hacen presentes y se configuran para el canon o paradigma.
Su valor como narrativa nace del crecimiento y progresión de los personajes y, a medida que estos van comprendiendo el mundo y su realidad vital, la novela progresa y se expande fruto de esa levadura narrativa. Así este territorio, ese espacio que puede ser la calle Lanuza, o cualquier otro en otras novelas, deviene finalmente un paradigma universal. Si quieres ser universal habla de tu aldea, dijo Tolstoi.
Y, a partir de ahí, la sintaxis narrativa desde ese círculo inicial donde es arrojada la primera piedra, va creciendo y amplificándose en círculos concéntricos como si fuera una laguna sobre la que se ha arrojado ese primer guijarro con efecto de sonido amplificador.
El discurso narrativo de Soler, en terminología de la semiología crítica, es un mundo elegido por él y reducido a un puñado de personajes, a un espacio (en esto coincide totalmente con algunas novelas de su amigo Garriga Vela, que desde Muntaner 38 hasta Pacífico, se encuentra a gusto en espacios cerrados) y a un tiempo, aunque este no sea otra cosa también que espacio configurador y amplificador.
La historia está subordinada al discurso. Los hechos van acumulándose por efecto del monólogo interior y esa estructura en círculos concéntricos hasta llegar al estallido final (no lo desvelamos por el bien del lector y de la obra), que es una especie de explosión narrativa con un perfecto equilibrio entre la coda que sirve de remate y la traca de la tragedia como elemento álgido y conmovedor.
Aunque concurren tres partes (que nos retrotraen a Aristóteles y su Arte poética), existe una única conmoción narrativa, un conjunto de sensaciones que nos ayudan a configurar una  sensibilidad de época y también una identidad, tanto en el sentido personal de cada miembro, como colectivo. Porque la novela aspira a fusionar lo individual con lo colectivo en una especie de urdimbre precisa. De modo que las tres partes las entiendo como un efecto estructurante clásico con valor de cadencia narrativa: pelea, herida, veneno (introducción, nudo y desenlace, no en tanto argumento, historia o discurso sino sensaciones). Y estas tres partes, en esa gradación narrativa formal, nos anuncian conflicto, dolor y, finalmente, muerte. Es una historia violenta, no lo olvidemos. Y en esa violencia que puede llevar desde lo cotidiano al absurdo de la vida, que no tiene por qué adentrarse en explicaciones sino acaso en sus antítesis, en sus absurdos… la gradación se impone y la cadencia narrativa también, ese honda expansiva de los círculos concéntricos del lago desde la piedra inicial.
El núcleo narrativo primigenio (La Pelea) es una introducción: el narrador en primera persona es un chico que va presentando a sus amigos y familiares, y, a su modo, va creando un lenguaje de expectativas, anunciando en pequeñas dosis y periódicamente que algo sobrevendrá. Esos amigos (Ernestito Galiana y Mauri) son el primer círculo narrativo desde el que comienza ese escenario inicial y progresivamente se irá extendiendo a los familiares de estos y del propio protagonista, cuyo padre, madre y hermana irán surgiendo. Cumplen un valor fundamental (sobre todo Ernestito), como elementos proyectivos y simbólicos y, acaso, como artífices, sin querer, de ese absurdo de la existencia en las últimas páginas.
Sigue una trayectoria realista en su configuración de tipos sociales pero destacamos siempre en Soler esa tendencia suya a la descripción apreciativa, expresiva, hiperbólica, caricaturesca que procede claramente de autores barrocos, por ejemplo, de Quevedo, y que en el siglo XX heredó Valle-Inclán. Por ejemplo sobre la cara del padre de Ernestito dirá: “Su cara no estaba mal pintada ni tenía desconchones ni viejas marcas de lluvia, aunque una mancha de color rosado, un lago pálido, ocupaba parte de su mejilla derecha y desde el pómulo bajaba, mansa, hermosa y limpia hasta perderse bajo el cuello impecable de la camisa”. En esta descripción observamos uno de los valores de la prosa de Soler: la conformación de un acto concreto de habla que crea un mundo propio y diferente, personal, como cuando dice metafóricamente: “Los días son maletas viejas, abiertas y amontonadas”. Ha sido uno de los grandes valores de su prosa, que como diría Valle, tiene estilo propio, como la tenía el gran creador de la prosa en los últimos años: Francisco Umbral, muy denostado como creador de historias pero ensalzado como dominador del lenguaje expresivo.
Don Guillermo Galiana (padre de Ernestito), Tusa (la tía de Ernestito), doña  Julia, don Rodri (tío de Ernestito), la Popi (símbolo sexual), el padre del narrador (siempre tomado como elemento irónico y diana de sus ataques con su tendencia a contarle el cuento de Alí Babá y los cuarenta ladrones de modo reiterativo: “Mi padre no era ladrón, pero robaba cosas”), la hermana del narrador… personajes que desde el principio son protagonistas y como elementos simbólicos de esa narración a través de los que va creando su pequeño mundo, un mundo de iniciado en el arte de la vida, el de un niño que trata de reconocerse y reconocer el misterio de los que le rodean.

ANTONIO SOLER, RAFAEL BALLESTEROS Y F. MORALES LOMAS



Y en tanto esto sucede, surgen los deseos (Tusa, que opera como ángel sensual y, acaso, amor utópico. Sobre ella dirá: “Aparecía allí tumbada, con sus caderas y sus palidez destacando encima de aquella roca, desnuda (…) Me latía el corazón. Me latía literalmente como un tambor mal tocado”) y los miedos de la infancia, que son siempre terribles presagios. Soler ausculta y pulsa con fortaleza esta tecla de los niños como fiel representante del máximo creador de la infancia de este país: Miguel Delibes.
Pero, aparte de los personajes, desde el principio otra clave narrativa es el tono del narrador: todo un canto a la oralidad. De hecho esta se va creando a través de las estructuras paralelísticas (que abundan), pero también de los elementos de repetición, como el empleo de la anáfora sintáctica, la concatenación, o incluso la anadiplosis… que en un texto narrativo pretende crear ese espacio para la oralidad.  Incluso en la conformación de un estilo ágil creado por frases cortas y raudas que junto a los cambios en las escenas (totalmente cinematográficas) y las situaciones crean una prosa rápida y un ritmo narrativo veloz, a lo que contribuye también el paso de una a otra escena sin solución de continuidad y sostenidas por el monólogo interior que en sus asociaciones semánticas diversas operan de subterfugio narrativo.
En esa primera parte, el elemento final, la pelea, adquiere un simbolismo asociado a la existencia, como comenzar a darse cuenta de lo que esta significa. De ahí el recurso a hablar del “lado de sombra de la vida” o la percepción del desarraigo, la sensación de extrañeza o de ausencia de sí mismo cuando te das cuenta de que tu vida no te pertenece solo a ti, sino también a los demás: “Tu vida dejaba de pertenecerte. Te sacaban de ella y todo se convertía en un falso decorado (…) Algo pertenecía a los demás tanto como a mí mismo”.
En la segunda parte, “La herida”, existe una tendencia de nuevo a la circularidad que opera en la obra como estructura sintáctica narrativa. Se inicia con Tusa y finaliza con ella, una vez que cura al protagonista de la herida que Ernestito le produce. El símbolo erótico se apodera del texto: Tusa es una espalda desnuda, carnosa y lisa… en contraste con ese niño que todavía juega con los soldados de plástico. Doña Julia (cuyos “pezones como huesos chupados de melocotón, goteando de leche”), el invento de la televisión (estamos hablando de los sesenta en España), don Rodri, los nervios de Ernestito, su padre (al que desprecia solemnemente: “mi padre no sabía nada”), la Popi, la famila Galiana (sus idas y venidas, su valor simbólico), la enfermedad del protagonista y la importancia de los olores, su capacidad de observador perpetuo y esa tendencia al fingimiento sobre el que redundará también en la tercera parte: “Pienso ahora que fingir era un modo de vigilar (…) Esa era mi salvación. Vigilar y fingir”. Pero también Jorge, el novio de su hermana, definido en su condición de náufrago.
En esa circularidad las historias de unos y otros se interrumpen para luego continuar en otras situaciones diferentes o no y crear un escenario propio, un mundo abigarrado de impresiones y emociones en las que todas ellas están trascendidas por la herida que le causa Ernestito Galiana, asociada antitéticamente al placer, pues la que acabará curándolo es Tusa, su historia placentera: “Para subrayar la gloria, para dejar evidencia de que todo aquello era un premio que alguien (…) me enviaba desde el cielo, un mechón de pelo dorado, casi amarillo, escapó de la sien de Tusa, y se quedó flotando en el aire como un milagro”. Son sensaciones del niño que va iniciándose en los afectos y en la proyección de eros.
En la tercera parte, “El veneno”, hay pequeñas historias (pareciera una urdimbre de pequeños relatos) que lo conforman con el estallido final de la terrible muerte de algunos de sus protagonistas. Así nos encontramos: la historia del operario, la de los zapatos de su padre, la historia de Mauri, la ida de Ernestito al campamento, la historia de su madre y sus idas al hospital, la permanente y absorbente presencia de Tusa con su simbología constante… y siempre con la percepción de que en ese camino de iniciación está descubriendo el mundo y a los seres humanos: “Según eso, las personas –yo incluido- eran siempre extraños, tenían una naturaleza oculta y cambiante, al parecer llena de abismos”. La tragedia final ayuda a comprender el sentido de ese mundo privado en el que se ve inmersa la obra, una novela para el espacio de lo doméstico, organizando mundos saqueados, desnudos, y proclives al desencanto, en ese mundo general al que pretendemos darle un sentido de canon vital.
En definitiva, Una historia violenta (Ed. Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores, Barcelona, 2013) de Antonio Soler representa un enorme poder de creación desde el ámbito reducido de una calle y unos personajes sitiados y confinados que caminan de su mano con la normalidad del mundo, con los espasmos de la vida en su deambular cotidiano, como enseñas de un paradigma universal.

La creación literaria y el escritor

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